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  • La penúltima frontera. Fugitivos del nazismo
  • La penúltima frontera. Fugitivos del nazismo
  • Rosa Sala Rose (foto de Daniela Dentel)

    Autor:

    Barcelona 1969. Licenciada en Filología Alemana y doctora en Filología Románica por la Universidad de Barcelona, es ensayista y traductora literaria.

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La penúltima frontera. Fugitivos del nazismo en España

La penúltima frontera. Fugitivos del nazismo en España

Sinopsis

Durante la Segunda Guerra Mundial, unos 50.000 fugitivos del nazismo, entre ellos judíos, antifascistas, aviadores aliados, espías o desertores, lograron cruzar la frontera natural de los Pirineos y obtener la libertad. Sin embargo, muchos se dejaron la fortuna, la salud o incluso la vida en el intento. Generalmente había que cruzar la frontera a pie, a menudo en condiciones de gran debilidad y desafiando las inclemencias del tiempo, las patrullas con perros de ataque y los guías sin escrúpulos. Una vez en España, estos fugitivos eran arrestados y encarcelados bajo la acusación de "paso clandestino de frontera". En virtud de un pacto secreto con Hitler, los hombres en edad militar eran "retenidos" en cárceles y campos de concentración como Miranda de Ebro para evitar que lucharan con los Aliados. Este libro, a partir de material inédito de archivo y de testimonios de familiares, reconstruye la historia de varias decenas de fugitivos. El resultado son historias reales, unas veces conmovedoras, otras grotescas, pero casi siempre dignas de una película. 

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Texto de Muestra

Índice

Introducción. 

El inventor visionario. 

Las cuatro mil pesetas de un historiador italiano. 

El seminarista fugado. 

El irlandés que pasó por alemán. 

La antifascista enferma. 

El panadero que se fue porque lo llamaban rojo. 

El judío fascista. 

El soldado alemán desaparecido. 

Un perrito llamado Franco. 

El inglés que simuló eludir el combate. 

El pasador de frontera. 

La enfermera espía. 

El brigadista italiano. 

El ladrón de bicicletas. 

La desesperación de un adolescente polaco. 

El fugitivo polaco y la carta de amor. 

El espía que hablaba demasiado. 

La cantante de variedades. 

El valor de una firma. 

La espía y los diamantes. 

La desesperación suicida. 

El comandante superfluo. 

Y finalmente también un nazi 

 El ladrón de bicicletas

A las dos de la tarde del día 19 de febrero de 1941, haber hurtado en Gerona una bicicleta marcó el destino del joven dibujante francés de veinte años Paul Jean Aletti. La bicicleta pertenecía a don Antonio Isac Vidal, un perito industrial gerundense de 32 años quien probablemente denunció el robo a la Guardia Civil, que logró detener al infractor. El interrogatorio posterior permitió averiguar que Aletti era un individuo que trece días antes (el día 6) había cruzado la frontera sin autorización y sin ser detectado. Había tomado esa arriesgada decisión debido a “la difícil situación por la que atraviesa su país, donde se encontraba sin trabajo desde hacía tiempo, y que el haberse internado en España ha sido con el fin de llegar hasta Portugal, donde tiene amigos y cree pudiera encontrar trabajo”. Tras más de diez días deambulando clandestinamente por España, había hurtado la bicicleta, marca Ciclos Arien, “debido al estado de debilidad en que se hallaba y a fin de no fatigarse tanto en la marcha emprendida”. Al fin y al cabo, si pretendía llegar hasta Portugal tenía más de mil kilómetros por delante. Además de la bicicleta, le fueron intervenidos un cuchillo de monte de hoja ancha y unos veinte centímetros de longitud, con empuñadura de asta y funda de cuero, así como una navaja de afeitar marca Solingen. Aletti es ingresado inmediatamente en la Prisión Provincial de Gerona.

Aletti vivirá cinco meses en prisión antes de que, desesperado, se decida por fin a adoptar una medida difícil: ponerse en contacto con el consulado francés de Gerona a fin de iniciar los trámites para su repatriación. En su caso, la decisión es doblemente dura. Por un lado supone una rendición: las penalidades sufridas al cruzar la frontera y los cinco meses de cárcel se convierten así en un sufrimiento inútil. Pero además, los documentos ponen de manifiesto que Aletti es un desertor de la aviación francesa. La formación de los aviadores era costosa y prolongada, por lo que éstos fueron codiciadas piezas estratégicas en el panorama bélico de la Segunda Guerra Mundial. Es probable que la intención de Aletti fuera ponerse en contacto con represetantes diplomáticos británicos a fin de enrolarse en las tropas aliadas.

Dada su condición de desertor, Aletti puede dar por seguro que, aun siendo voluntaria, su entrega a las autoridades de Vichy supondrá cuando menos un nuevo período de encarcelamiento, aunque esta vez en su propio país. ¿Cómo tuvo que ser la dureza de la cárcel gerundense para incitarlo a dar un paso tan desesperado? El agente consular francés en Gerona, Joseph Esteve, le envía al gobernador civil los documentos que Aletti debe presentar a la policía de frontera. Entre ellos el llamado “proceso verbal de presentación voluntaria de un desertor”, en el que Aletti, con una firma tímida y diminuta, declara haberse presentado voluntariamente ante las autoridades consulares para declarar que el 15 de febrero de 1941, cuatro días antes de su detención en España, había abandonado sin autorización su unidad (estacionada en Toulouse-Francazal y perteneciente a la 51 escuadra aérea de la Armée de l’Air de Vichy) y que estaba arrepentido.

El salvoconducto (el laissez-passer) lleva la nota “expedido según las indicaciones del padre del interesado”. ¿Fue la autoridad paterna la que incitó a Aletti a tomar esa decisión?

Curiosamente, la misma bicicleta que provocó su condena contribuye ahora a postergar el momento de su entrega a las autoridades francesas: el 22 de julio de 1941 el gobernador civil contesta al agente consultar de Francia en Gerona que Aletti todavía se encuentra cumpliendo condena en la prisión de esa ciudad por un delito de hurto y que no podrá atender la voluntad del recluso de ser repatriado hasta que éste vuelva a estar a su disposición.

Ese momento tardaría en llegar: según parece, en la España de los años cuarenta el robo de una bicicleta podía estar penado con siete meses de prisión. Al fin, el 22 de septiembre, el gobernador civil de Gerona ordena que el recluso Aletti “sea conducido a Portbou al objeto de ser entregado a las Autoridades francesas” debidamente custodiado por una pareja de la Policía Armada. Paul Aletti fue entregado a los franceses en Portbou el 24 de septiembre. Se desconoce el destino posterior del muchacho.[1]

Curiosamente, los originales de los documentos que había proporcionado el agente consular de Francia (el salvoconducto y el reconocimiento voluntario de la deserción) se quedaron en la sede del Gobierno Civil de Gerona formando parte del expediente Aletti. En realidad deberían haberle sido entregados al interesado para que éste a su vez los presentara a las autoridades francesas. ¿Se olvidó el Gobierno Civil de dárselos? En cualquier caso, no parece que Aletti los reclamara. Y sin disponer de esos documentos, ¿llegó realmente a presentarse en Francia como desertor?

[1] Arxiu Històric de Girona, Expedients de frontera, 252, legajo 2, expediente 51 (1941). Expedients de la Presó de Gerona, nº 7392/75.

  • Seebook
  • Idioma español
  • Traducción:
  • 265 páginas
  • Formato
  • EBOOK 978-84-616-8129-7

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