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Mamá, hay un dedo en mi sopa.

Mamá, hay un dedo en mi sopa.

Sinopsis

¿Cómo es la mente de un asesino en serie? ¿Cuál es su genesis?

Bobby Miranda es un ingeniero de sistema, hacker independiente que trabaja para oficinas del gobierno como para organizaciones e individuos nada legales, al contrario de lo que la gente imagina, su vida está llena de códigos y aburrimiento. Pero la inminente muerte de su madre desata en él un deseo reprimido desde su adolescencia, Bobby en el viaje a su pueblo lentamente suelta la bestia que habita en él, convirtiéndose en una máquina asesina, sin limites.

Bobby se verá transformado en un asesino en serie intelegentismo, canibal y con las herramientas y exactitud de un hacker, necesitando a toda costa a alguien que le detenga, pero tal vez nunca lo consiga.

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Texto de Muestra

CAFÉ NEGRO

El largo código y sin sentido aparente titilaba en la gran pantalla de la computadora, era como una montaña de números letras y signos que se alargaban más allá de la capacidad de la extensión de la pantalla, el cursor recorría paso a paso cada línea hurgando su estructura con paciencia. Bobby había desplegado el mensaje encriptado, para ver su codificación, una escritura que ante los ojos de la mayoría se asemejaba a la antigua y más hermética alquimia, llena de signos secretos y algunos vacíos lógicos y sin embargo totalmente cargados de información.

De alguna manera aquellos signos y letras también le recordaban a Bobby la escritura angelical de Jhon Dee, desarrollada en el medio evo, y que representaba el abecedario de los ángeles según ese autor, un  lenguaje propio de dioses dormidos. Entonces Bobby sentía que estaba a punto de abrir el cielo y de mirar directamente al rostro de los ángeles y sus secretos. Estaba sin duda ante el corazón de un gran trabajo.

Era un mensaje cifrado en One Time Pad, que se resistía a la decodificación por la fuerza bruta, fascinados los ojos de Bobby se desplazaban de línea en línea, maravillado con la secuencia y su estructura, pero la misma tenía un fallo, no observable para los neófitos o newbies y mucho menos para esos lammers de la policía técnica o de los traficantes de armas y drogas. La debilidad era que la generación de claves al azar fue hecho con una bifurcación o fork de otra herramienta de cifrado poco conocida, pero la habían combinado con arte, semejando una secuencia de notas y sus bemoles, para disimular esta debilidad, sin duda aquel código estaba hecho por un músico en el mundo del cifrado.

Bobby había dedicado seis horas a estudiar ese código maravilloso, aprendiendo más sobre el programador que había hecho el trabajo que sobre el mismo código. En cada trabajo se deja una huella, una especie firma que sale de la manera de trabajar en el espacio binario, es como un ADN involuntario de los hacker y programadores y Bobby sabía encontrar esas huellas, tan fácil como encontraba la forma en que se habían generado los códigos y de esa manera obtener el mensaje oculto, eso sin dudas era una de sus mejores aptitudes.

Luego de tratar inútilmente de descifrarlo con “métodos tradicionales”, ahora que ya conocía el fallo se dispuso a usar su propia herramienta.

–Es muy buen trabajo, toda una obra de arte, “indescifrable” hasta ahora –se dijo Bobby, quien supuso, por la firma, que quizás fuera un trabajo de algún conocido, aunque en este medio el anonimato era un requisito no negociable– lástima amigo, pero allí va la bomba.

Bobby escribió una serie de comandos en la pantalla:

f:{0,1}=> {0,1}m

Y presionó la tecla “enter” y en ese instante apareció en la pantalla una cabra montesa pixelada, que recordaba las animaciones de las primeras consolas de juego. La cabra, llamada por Bobby,Stallman, comenzó a comerse sin parar las secuencias del código, como un animal pastando, con un ataque de ansiedad por terminar rápido. El animal pasteaba a sus anchas en la pantalla del computador, como si de un mismo campo de forraje se tratará.

De vez en cuando Stallman balaba, brincaba y parecía indigestarse, pero luego se sacudía y en ese momento balaba algo que sonaba como “XOR” para luego seguir comiendo el código de la pantalla que desaparecía en la boca del animal dejando de forma graciosa huecos en forma de mordiscos sobre código alfanumérico..."

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  • 180 páginas
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